El cardenal Cobo invita a levantar la mirada y abrirse a lo trascendente.

Cobo con los bomberos y las autoridades en la celebración de La Paloma. Foto: Archimadrid.

El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, presidió el viernes 15 de agosto la Eucaristía en honor a la Virgen de la Paloma, proponiendo tres pasos concretos para afrontar las soledades de la ciudad y avanzar hacia una sociedad reconciliada. Acompañado por vicarios episcopales y autoridades civiles, el cardenal destacó la importancia de mirar al cielo, dar espacio a Dios en la vida cotidiana y salir al encuentro del otro.

En su homilía, el cardenal recordó el origen de la devoción a la Virgen de la Paloma, remontándose al siglo XVIII cuando unos niños descubrieron su imagen en una cometa. Destacó la necesidad de levantar la mirada y abrirse a lo trascendente en una sociedad que a menudo olvida a Dios. Abordó también el tema de la soledad, cada vez más presente en una época hiperconectada.

El segundo paso propuesto fue dar espacio a Dios en la vida cotidiana, no relegando la fe al ámbito privado, sino permitiendo que ilumine toda la vida. Por último, instó a salir al encuentro del otro, inspirándose en la visitación de María a su prima Isabel, como un gesto de ponerse en marcha y provocar encuentros significativos.

El cardenal también hizo un llamado a la paz, en un contexto global marcado por conflictos armados, instando a orar y actuar por quienes sufren las consecuencias de la violencia. Finalmente, se retomó la imagen de la cometa que simboliza la devoción a la Virgen de la Paloma, proponiendo mirar al cielo desde la tierra, dar espacio a Dios y convertir la fe en movimiento.

En un gesto significativo, el bombero Manuel Cerrillo bajó el cuadro de la Virgen de la Paloma, siguiendo los pasos de su padre, en un acto cargado de emoción y tradición familiar. Destacó la importancia del trabajo en equipo y recordó con cariño a sus padres, agradeciendo todo lo que les debe a ellos y a su familia.

La Eucaristía en honor a la Virgen de la Paloma no solo fue un acto de fe y devoción, sino también una invitación a reflexionar sobre la importancia de la espiritualidad, el encuentro con el otro y la búsqueda de la paz en un mundo marcado por la violencia y la soledad. Un mensaje de esperanza y reconciliación en medio de los desafíos de la vida moderna.

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